
Recientemente recibí una llamada de uno de mis clientes, quien con cierta preocupación me comentaba que uno de sus competidores había lanzado una página web “muy bonita” y que temía que sus ventas mermaran.
Una vez concluída la conversación me fui a revisar la página y observé algunos aspectos interesantes:
En efecto es una página con colores llamativos, tiene algunos elementos con animación, fotos nítidas y un menú fácil de navegar.
Sin embargo, cuando quise saber donde estaban ubicadas sus oficinas, tuve que dirigirme a la última opción del menú y luego a la parte inferior de la página.
Por otro lado, la descripción que tenían de la empresa y su razón de ser era tan genérica que bien podrían haberse dedicado a la venta de aires acondicionados, mobiliario de oficina o equipos de video. En otras palabras había que navegar y hacer clicks en varios enlaces para saber a que se dedicaban.









