
Recientemente recibí una llamada de uno de mis clientes, quien con cierta preocupación me comentaba que uno de sus competidores había lanzado una página web “muy bonita” y que temía que sus ventas mermaran.
Una vez concluída la conversación me fui a revisar la página y observé algunos aspectos interesantes:
En efecto es una página con colores llamativos, tiene algunos elementos con animación, fotos nítidas y un menú fácil de navegar.
Sin embargo, cuando quise saber donde estaban ubicadas sus oficinas, tuve que dirigirme a la última opción del menú y luego a la parte inferior de la página.
Por otro lado, la descripción que tenían de la empresa y su razón de ser era tan genérica que bien podrían haberse dedicado a la venta de aires acondicionados, mobiliario de oficina o equipos de video. En otras palabras había que navegar y hacer clicks en varios enlaces para saber a que se dedicaban.
En tercer lugar, observé que tenián un enlace a Twitter pero que no estaba activo y cuando investigué la cuenta, tenían varios meses sin actualizarla.
En cuarto lugar por alguna razón que desconozco la página vende dos tipos de productos que no tienen nada en común, dirigidos a dos audiencias diferentes: una para madres con niños en edad escolar y la otra para empresas que trabajan en el sector de la construcción.
Tener una página web es la puerta de entrada a nuestra tienda y además de ser agradable a la vista debemos proporcionar al usuario una experiencia agradable que le permita navegar y obtener lo que quiere de la manera más natural posible. Tengamos en cuenta algo muy importante: No existe una manual de usuario para usar una página web. Las personas simplemente se sumergen en ella y si se tarda en cargar, si la información no está a la vista y cualquier acción elemental necesita de muchos pasos o pide mucha información la persona simplemente no regresará.
En cuanto al tema de los enlaces con las redes sociales, es crucial que haya una coherencia. A veces es preferible no hacer promoción hasta tanto no tengamos una estrategia de contenidos definida. No hay nada que desconcierte más a un potencial cliente que ir a una red social y que observe que la cuenta está inactiva desde hace meses con comentarios “polvorientos” y noticias desactualizadas.
¿Cómo podemos evitar que esto nos ocurra, si no sabemos nada de diseño de páginas web y mucho menos de usabilidad?
Lo primero que tenemos que hacer como dueños de negocio es responder a las siguientes dos preguntas:
¿Qué es lo que queremos que suceda con el producto o servicio que vamos a mostrar en la página web?
Es importante que lo verbalices y discutas con tu equipo lo que quieres lograr, porque muchas veces partimos de una “obviedad” que no es tal y podemos descubrir que los objetivos pueden ser diferentes dependiendo de la perspectiva de cada área.
Abre la conversación con esta pregunta ¿Cómo se va a medir el éxito? ¿El objetivo es vender más o a ahorrar dinero?. Quizás sean las dos cosas pero ¿como vamos a saber que lo logramos?.Evidentemente estamos hablando de un ROI (retorno sobre la inversión) que aunque siempre lo asociamos con dinero, puede ser que en términos de páginas web podamos medirlo en función de la respuesta o acción que esperamos de los usuarios. Número de descargas, llamadas telefónicas, correos pidiendo información, lista de suscripciones a un boletín, entre otras muchas respuestas.
La segunda pregunta está relacionada con ponernos en los zapatos del cliente
¿Qué es lo que están buscando mis clientes?
Para responder esta pregunta es menester conocer a nuestra audiencia, hay que indagar sobre sus necesidades, ir más allá de la típica clasificación demográfica y hurgar más en sus comportamientos, hábitos y actitudes. Podemos excusarnos diciendo que no tenemos dinero para hacer una investigación formal, pero eso no nos exime para hablar con ellos y conocer sus “dolores”. ¿Quienes son esas personas que van a visitar nuestra página ? ¿Qué tan confortables se sienten mis clientes con la tecnología? Son personas que están al día con las últimas tendencias y se pasan horas en internet o por el contrario tienen miedo de hacer compras on-line, se conforman con los conocimiento básicos para buscar una información y detestan estar en contacto con una computadora.
Posiblemente si los competidores de mi cliente hubieran trabajado con estas preguntas, esa página no tendría productos para niños y equipos industriales en una misma página. No lo sé. Son hipótesis pero vale la pena tomarse el tiempo para discutir estos temas, mucho antes de escribir la primera línea de código, de buscar las fotos en el banco de imágenes o subir cualquier elemento al servidor.
Tu diseñador de páginas web es tu mejor aliado, busca referencias cuando vayas a contratar a alguno y crea un clima de confianza. Asegúrate de que sea alguien que vive de eso y que le va a dedicar el tiempo y conocimiento que requiere tu sitio. A veces por ahorrarnos un dinero terminamos gastando más. Es vital que tomes en cuenta que aunque no sepas de temas técnicos siempre puedes preguntar cuando tengas dudas y ten en cuenta que el negocio es tuyo no del diseñador, así que no le des responsabilidades que sólo te incumben a ti. Por ejemplo conocí a un emprendedor que permitió que el diseñador hiciera la contratación del dominio y “hosting” del sitio web, nunca se preocupó por saber las especificaciones de la compra ni mucho menos cual había sido la compañía con la que había contratado. El problema surgió cuando se venció el contrato, la página dejó de funcionar y el emprendedor se enfadó con el diseñador quien hacía tiempo había olvidado esa negociación. ¿De quién es la responsabilidad?
Espero como siempre que estas breves reflexiones te ayuden al momento de diseñar tu página web para que sea todo un éxito y tus futuros clientes siempre estén dispuestos a visitarte. Un abrazo
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